Al visitar Atenas y sus alrededores encontraremos los restos de la ciudad de Micenas, que fuera en el pasado una fortaleza que sometía gran parte del sur de Grecia, habitada por los llamados Aqueos y descubierta por el arqueólogo Heinrich Schliemann en 1874.
Este lugar arqueológico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO se encuentra a unos 90 kilómetros al sudoeste de Atenas, en un monte del Peloponeso y lo forman las ruinas que pertenecían al Palacio Klitemnestra y otros palacios-fortalezas del mundo Aqueo junto con los tholos (tumbas) funerarios de los reyes.
Micenas, Epidauro y Delfos son sitios que atraen a los visitantes interesados por la historia antigua. Las dos primeras se encuentran en la Península del Peloponeso y la tercera un poco más distante de Atenas a unas tres horas de viaje en la Grecia Central.
En la antigüedad las constantes guerras, saqueos y terremotos sumados a la erosión producida por las lluvias y el viento fue deteriorando todas las construcciones. Sin embargo, Micenas pudo superar y resistir el paso del tiempo cumpliendo 3000 años de su existencia, haciendo posible conocer sus imponentes murallas ciclópeas de grandes piedras y la famosa Puerta de los Leones.
Lamentablemente de la ciudad quedan pocos restos en pie y aún hoy se siguen las búsquedas para hallar los restos del rey Agamenón quien fuera el encargado de destruir Troya.
La tumba (tholo) más importante que aún perduran en Micenas es el Tesoro de Atreo del siglo XIV a.C., ubicada al sur de las ruinas. Es una tumba con dos cámaras y está enterrado allí un rey micénico junto con sus armas, bebida y comida, ritual que le propiciaba abastecimiento para el viaje hacia el otro mundo.
Ya en la colina, nos encontraremos con la acrópolis desde donde podremos disfrutar de una estupenda vista del Valle de la Argólida.
Foto: Fuente Easy Viajar




